El frío puede tener un impacto importante en la salud respiratoria, especialmente en personas con
EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) y otras afecciones pulmonares.
Durante los meses fríos, las personas con enfermedades respiratorias crónicas suelen experimentar un empeoramiento de los síntomas. El aire frío, seco y la mayor circulación de virus crean un entorno desfavorable para los pulmones, que ya están comprometidos en pacientes con EPOC, asma o bronquitis crónica.
Efectos del frío en los pulmones
Broncoconstricción. El aire frío provoca que los bronquios se contraigan, lo que dificulta el paso del aire y aumenta la sensación de falta de aire (disnea).
Aumento de la producción de moco. El frío puede espesar las secreciones bronquiales, favoreciendo la tos persistente y la obstrucción de las vías respiratorias.
Mayor riesgo de infecciones respiratorias. En invierno son más frecuentes los resfriados, la gripe y la neumonía, que pueden desencadenar exacerbaciones de la EPOC.
Disminución de la función pulmonar. Las bajas temperaturas pueden reducir la capacidad pulmonar, especialmente en personas mayores o con enfermedad avanzada.
Mayor esfuerzo respiratorio. Respirar aire frío obliga a los pulmones a trabajar más, lo que genera fatiga y empeora la tolerancia al ejercicio.
Síntomas que pueden empeorar en invierno
- Falta de aire más intensa
- Tos frecuente
- Aumento de flemas
- Sibilancias (pitidos al respirar)
- Mayor cansancio
- Episodios más frecuentes de crisis respiratorias
Recomendaciones para pacientes con EPOC en climas fríos
- Proteger las vías respiratorias
- Cubrir nariz y boca con una bufanda o mascarilla al salir al exterior.
- Evitar respirar aire muy frío directamente.
- Mantener una temperatura adecuada en casa
- Mantener el hogar bien calefaccionado, evitando cambios bruscos de temperatura.
- Ventilar brevemente para renovar el aire sin enfriar demasiado el ambiente.
- Cumplir el tratamiento médico
- Usar los inhaladores y medicamentos según lo prescrito.
- No suspender el tratamiento durante el invierno, incluso si los síntomas parecen estables.
- Prevenir infecciones
- Vacunarse contra la gripe y el neumococo según indicación médica.
- Lavarse las manos con frecuencia.
- Evitar el contacto cercano con personas resfriadas o enfermas.
- Mantener una buena hidratación
- Beber suficiente agua ayuda a fluidificar las secreciones pulmonares.
- Evitar el tabaco y el humo
- No fumar y alejarse de ambientes con humo o contaminantes, especialmente en invierno cuando se usan estufas.
- Adaptar la actividad física
- Realizar ejercicio suave en ambientes cerrados y templados.
- Evitar esfuerzos intensos al aire libre en días muy fríos.
- Consultar ante cambios en los síntomas
- Acudir al médico si hay aumento de la disnea, fiebre, cambios en el color de las flemas o mayor cansancio.
El frío representa un desafío importante para las personas con EPOC, pero con prevención, adherencia al tratamiento y cuidados adecuados, es posible reducir complicaciones y mantener una mejor calidad de vida durante el invierno.